La Escuela Abraham Reyes esta ubicada detrás del Bloque 29, en la Zona Central del 23 de Enero. En ese espacio comunitario, castigado por la delincuencia, el narcotráfico y la intolerancia política, este plantel se erige como un oasis de paz y de entendimiento. Entre sus paredes los niños no sólo aprenden matemática, castellano o historia. En realidad aprenden a ser personas de bien, ciudadanos integrales. “Aquí la educación en valores no es una materia o una asignatura. Aquí la formación en valores se respira con el aire, se recibe con los buenos ideas, se imparte con el ejemplo y se comparte con entusiasmo”, nos dice Deysi Brito, la joven directora de la Escuela, una docente muy joven que antes de mudarse a Catia vivía en Caricuao.

La escuela es un oasis, pero no una isla. Abierta a la comunidad, en ella se reúnen los vecinos, las juntas de condominio, los consejos comunales y los colectivos sociales que actúan en la zona. Flor Estrada ya es abuela, sus hijos estudiaron en la Abraham Reyes y ahora lo hacen sus nietos, y ella misma se la pasa metida en el plantel no sólo como representante de sus nietos sino además como integrante de la Junta de Condominio del Bloque 29 y del Consejo Comunal. “Esta es una escuela muy buena, siempre lo ha sido y queremos que lo siga siendo. La comunidad esta en la escuela para apoyarla y protegerla”, afirma, con celo.

“¡HAY GENIO EN EL 23, SI, EN EL 23!”

En la espectacular Sala de Telemática, dotada gracias al trabajo arduo de la comunidad y con el apoyo de la empresa privada, la profesora Leyda Aguilera explica algo que a muchos parecerá insólito: ¿Niños del 23 de Enero fabricando robots? ¿Niños y maestros aplicando la informática y la robótica a la solución de los problemas ambientales en su vecindario? ¡Pues si! No es un video de Discovery Channel. Es la realidad de la Escuela Abraham Reyes del 23 de Enero, que junto a niños y docentes de otras nueve escuelas están trabajando en el diseño y construcción de ingenios robóticos capaces de separar desechos sólidos, procesar los de origen orgánico para fabricar abono y seleccionar papel, cartón, vidrio y plásticos para facilitar su reciclaje. Ya han construido los primeros prototipos, y ahora están en la fase de diseño de software. ¡Si, aunque usted no lo crea: Mientras liderazgos del pasado suponen que los venezolanos solo servimos para hacer “gallineros verticales” o “fábricas de guayucos”, niños nuestros, hijos de familias humildes del 23 de Enero, se lanzan con fe y alegría al diseño y construcción de robots para mejorar la situación social y ambiental de su barrio!

Una vieja canción de Arsenio Rodríguez dice “hay fuego en el 23”, y cada vez que ese verso ha sido cantado o bailado en Venezuela la gente recuerda el fuego de la violencia en la urbanización popular "23 de Enero". Hoy perfectamente se podría hacer una canción nueva, de esperanza, que inspirada en los niños que trabajan con robótica y telemática, podría sonear: “Hay genio en el 23… ¡Si, en el 23!”

(Vía Radar de los Barrios)

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